Un arquero busca
perfeccionar su tiro al blanco con la práctica. Ahí lo tienes, con su arco en
mano y algunas flechas bien colocadas en su aljaba listo para entregar su
corazón en ese tiro que marcará su conocimiento y dominio de este deporte. Lame
ligeramente las puntas de sus dedos y empuña el extremo trasero de la flecha
creando tensión en el arco mientras su mirada esta fija en el punto central de
la Diana. Busca lentamente estabilizar su respiración para conseguir un tiro
más certero. Dos o tres pequeñas gotas de sudor surcan su frente, el arquero se
prepara. Cierra los ojos un segundo y al abrirlos juzga estar preparado para el
tiro y deja ir la flecha. La despide
confiado en su preparación y que ésta seguirá el curso fijado. Mientras la flecha se abre paso en el aire, el arquero no hace más que morder ligeramente el labio inferior de su boca esperando obtener los puntos que le darán la victoria, pero...algo a cambiado y el arquero lo percibe con desaliento. La flecha cambió su curso, perdió valiosa fuerza, no puede sostenerse más y comienza un descenso prematuro. Mientras que el arquero lleva su mano a la boca, frunce las cejas angustiosamente y emite un pequeño pero profundo “¡NO!”. La flecha no puede hacer más que incrustarse en el área blanca, donde ya no exige puntuación un tiro. El arquero demuda completamente su rostro, inmensa tristeza lo apodera mientras sus rodillas tocan el suelo por la inevitable certeza de no haber obtenido, mínimo, los tres puntos restantes para su victoria. ¡El arquero erro al blanco!
confiado en su preparación y que ésta seguirá el curso fijado. Mientras la flecha se abre paso en el aire, el arquero no hace más que morder ligeramente el labio inferior de su boca esperando obtener los puntos que le darán la victoria, pero...algo a cambiado y el arquero lo percibe con desaliento. La flecha cambió su curso, perdió valiosa fuerza, no puede sostenerse más y comienza un descenso prematuro. Mientras que el arquero lleva su mano a la boca, frunce las cejas angustiosamente y emite un pequeño pero profundo “¡NO!”. La flecha no puede hacer más que incrustarse en el área blanca, donde ya no exige puntuación un tiro. El arquero demuda completamente su rostro, inmensa tristeza lo apodera mientras sus rodillas tocan el suelo por la inevitable certeza de no haber obtenido, mínimo, los tres puntos restantes para su victoria. ¡El arquero erro al blanco!
La Biblia, desde el Génesis, nos enseña
que fuimos creados para adorar a Dios. Pero, ¿que significa vivir una vida en
adoración? En principio es algo fácil de entender. Vivir en adoración al Señor
es hacerlo en obediencia a él. Si, adoración es obediencia. Por esta razón
podemos adorarle con cada cosa que hacemos, por más insignificante que pueda
parecer nuestra acción, podemos convertirla en un espacio en el que hagamos
sonreír al Maestro.
Entonces, este es nuestro blanco;
adorar, o sea, obedecer a Dios con nuestra vida y cada aspecto de ella. Así
como el arquero se prepara para buscar la perfección en su tiro al blanco,
nosotros debemos de, en todo momento, buscar dar en el centro, vivir una vida
en obediencia a Dios.
Cuando por diferentes motivos en
nuestra vida accionamos contrario a lo establecido por Dios, desobedecemos y
por tanto erramos al blanco. No acertamos nuestro tiro al medio de la diana
sino que nuestra “flecha” se desvió hacia otro lugar. Luego de esto no pasa
mucho tiempo (unos más rápidos que otros) hasta que nos damos cuenta que nos
desviamos, caemos al suelo cual arquero con cejas fruncidas de dolor. Esto es a
lo que llamamos pecado.

Pecado es errar al blanco, no obedecer
lo establecido por Dios, no vivir una vida en adoración al Señor. Así como el
arquero no recibió la victoria por haber errado al blanco, la persona que no
viva una vida en adoración (obediencia) no recibirá la corona de la vida, ese
galardón prometido. Entonces, ¿que nos queda por hacer?
Hoy te invito a que, si aún no lo haz
hecho, entregues tu corazón a Jesús. Reconozcas que tu vida no es una adoración
a Dios sino, quizás, todo lo contrario. Jesús dio su vida para que pudieras
recibir el perdón de tus pecados, acéptalo, te hará bien. Como el buen arquero
busca dar en el blanco, busca que tu vida sea un acto de adoración a tu
creador. ¡Bendiciones!
Por Fidel M.H.
Si no sabes cómo
entregar tu vida a Jesús, comunícate, puedo y deseo ayudarte.
